Este periódico escolar nace como una aventura en la que un grupo de alumnos y de profesores quieren explorar las posibilidades de las herramientas de comunicación que existen en Internet. Está abierto a la colaboración de alumnos y profesores de nuestro Instituto.
_______________________________________________________________________________________
Mostrando entradas con la etiqueta CONCURSO DE RELATO.2007-2008. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CONCURSO DE RELATO.2007-2008. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de abril de 2008

Prométeme que volverás

PROMÉTEME QUE VOLVERÁS…][*



Por fin llegó aquella mañana. John y su hermana estaban muy contentos… por fin iban a tener las vacaciones que siempre soñaron junto a su padre, el capitán de la brigada inglesa Steven Jackson.

Como su padre era un importante capitán, nunca antes habían podido salir todos juntos de vacaciones. Este año parecía que sí. Ya lo tenía todo listo…el hotel, el avión…todo, e incluso John había preparado una enorme maleta con juguetes para que su hermana Anika de tan solo cuatro años no se aburriese en el viaje. Todo parecía ir sobre ruedas, pero de pronto llamaron a la puerta. La señora Jackson corrió a abrirla creyendo que era su anciana vecina Lorena. Ella había sido como una abuela para sus hijos, y pensaba que venía a despedirse de ellos. Elisabeth, que así se llamaba la señora Jackson , observó por la mirilla y de repente se borró la sonrisa de su rostro; parecía como si algo muy desagradable pasase, algo que de un momento a otro pudiera cambiar todos sus planes. Se apresuró a abrir la puerta:

-Buenos días, Sargento Marclán.

Era uno de los sargentos de la brigada de su marido. Algo iba mal, lo presentía, así que lo llevó de inmediato junto a su marido, que estaba en el salón junto a John y Anika ultimando los mínimos detalles antes de partir.

El capitán Steven condujo hasta su despacho al sargento. Una vez allí, se acomodaron en unos sillones que había junto a la mesa de trabajo del capitán, pues parecía que el asunto que había llevado por allí al sargento no era un simple asuntillo , un juego de niños... no, era un grave asunto que llegó incluso a cambiar por completo los planes de la familia.

Mientras tanto, la señora Jackson se había puesto a jugar con sus hijos ya que empezaban a impacientarse por la tardanza de su padre y el señor Marclán.

Al cabo de cuatro horas y media, salió del despacho el señor Marclán. Su rostro era el de un hombre preocupado y su actitud fue muy extraña. Simplemente salió del despacho, miró a los niños y le dijo a la señora Jackson: “LO SIENTO”

Elizabeth corrió asustada al despacho de su marido. Allí encontró a un hombre totalmente diferente al que había entrado al despacho cuatro horas antes. Parecía desganado y su rostro reflejaba tristeza y coraje al mismo tiempo. AL cabo de unos segundos le dijo a su mujer:

-LO SIENTO… yo no quería que pasase todo esto, pero debo marcharme. El ejército de Afganistán se dirige a atacarnos, llegan por el norte y son demasiados. Inglaterra necesita la ayuda de mis hombres, y yo, como capitán, debo marcharme junto a ellos. Pronto entraremos en guerra…así que, pase lo que pase…no me olvides.

Ella al escuchar la terrible noticia no supo que hacer. Su cara palidecía pro momentos y de pronto empezó a llorar angustiadamente. Cuando la hubo calmado, el capitán fue a la sala a darle la terrible noticia a sus hijos. Primero, antes de contárselo, se quedó fijamente mirando a sus hijos. Les veía tan ilusionados viendo fotos y revistas del lugar al que pensaban ir que no puedo contenerse y se le saltaron las lágrimas.

El señor Jackson entró en la sala y llamó a su hijo. Se lo sentó en sus piernas y comenzó a hablar con él. El pequeño parecía como si intuyera algo. Aunque tuviese tan solo diez años, era un niño muy listo y sabía que algo raro pasaba desde la llegada del señor Marclán.

-Hijo, tú sabes que yo tenía muchas ganas de hacer este viaje…pero también sabes que mi trabajo es muy sacrificado, y pues…cuando el enemigo se dispone a atacarnos hay que estar ahí; no se puede tomar uno unas vacaciones ¿Lo entiendes?-El pequeño John asintió. A pesar de su pequeña edad, era un muchacho muy comprensivo, pero de pronto dijo algo:

-Pero…papá.

-Si, hijo.

-¡Prometeme que volverás!

Aquellas palabras le llegaron al capitán al corazón.

-Sí hijo…-le contestó-Pero, antes de irme, tienes que prometerme que ahora que yo no voy a estar tú serás el hombre de la casa; cuidarás de mamá y de Anika como yo lo he hecho hasta ahora de vosotros ¿Vale?

John asintió con la cabeza y de repente se fundió en un tierno y cálido abrazo con su padre. La pequeña Anika no entendía qué pasaba pero, para no ser menos, se levantó del suelo, salió corriendo hacia sus padres y los abrazó con todas sus fuerzas.

Gracias a esto, la pequeña Anika consiguió sin darse cuenta arrancar de su padre la última sonrisa antes de marcharse.

A la mañana siguiente, John y Anika se despertaron sobresaltados.¡Alguien lloraba! Desde la sala de estar se escuchaba a alguien llorar.

Los niños bajaron las escaleras con cuidado hasta llegar a la sala. Allí se encontraron a su madre, sentada en el sofá viendo fotos de su boda con el capitán. Se la veía triste, como si se le estuviera cayendo el mundo encima.

Anika, como era pequeña , y aún era temprano simplemente se tumbó en el sofá, al lado de su madre, y se quedó dormida.

El pequeño John se dio cuenta de que su padre se había marchado y se sentó junto a su madre para que no se sintiera sola.

Pasaron días, semanas e incluso meses y ninguno había tenido ninguna noticia del capitán. John, todos los días, escuchaba la radio antes de ir al colegio para ver si decían algo de su padre y por las noches le escribía cartas que, a pesar de mandarlas y mandarlas, nunca obtenían contestación.

Una mañana estaban los tres desayunando y escucharon una sirena de policía .Corrieron hacia la puerta porque creían que había llegado su padre, pero al abrir la puerta se llevaron una gran desilusión ya que simplemente vieron bajarse del coche al sargento Marclán.

Ellos sospechaban que traía malas noticias, pero nunca se esperaron lo que el sargento les iba a decir. Marclán se quedó mirando a los niños. Su rostro reflejaba mucha tristeza. La señora Jackson intuyó algo y dijo con un tono temeroso:

-Dígame que no, por favor, sargento, que no es lo que estoy pensando…por favor…

El sargento Marclán no se pudo contener y se le saltaron las lagrimas : “LO SIENTO”, les dijo . La señora Jackson no podía más y rompió a llorar de manera extraña. Se la veía triste y a la vez tranquila porque ya por lo menos sabía que su marido había muerto, pero antes no podía vivir con la incertidumbre de si estaba vivo o muerto. En cambio, John, no pudo contenerse, miró al cielo y gritó:

-Mentiroso, te odio, ya no te quiero. ¡Me prometiste que volverías! Yo cumplí mi parte del trato y cuidé de mama y de Anika, y en cambio tú…

John no pudo más y salió corriendo hacia su cuarto llorando desconsolado.

Al cabo de un par de meses Elisabeth decidió mudarse a un pequeño pueblo cerca de la ciudad para intentar olvidarse de todo, pero lo que nunca imaginaban era la sorpresa que les esperaba allí.

El día 4 de Agosto, la señora Jackson y sus hijos se fueron al pueblecito.

A los pocos días, un militar con un brazo escayolado y muchas heridas y arañazos llamaba a la puerta de los Jackson; pero, al ver que estaba vacía y sin rastro de sus moradores, se acercó de inmediato a la casa de la vecina, la señora Lorena.

-Pero, Steven, hijo,¿Qué haces aquí? Tú, tú, tú…

-Si señora. –Le contestó-Todos creen eso. Hubo un bombardeo y me dieron por muerto. Pero, ahora, vamos a la importante,¿Y mi familia?

La señora Lorens le estaba explicando lo ocurrido con voz temblorosa porque estaba muy afectada. Aún no había terminado de decírselo, cuando el capitán ya estaba en camino. Al llegar su esposa estaba regando las flores en el jardín.

Él no pudo contener su alegría y se lanzó a abrazarla. Ella, al verlo allí, que no estaba muerto comenzó a llorar de la alegría y chilló cuanto pudo para llamar a sus hijos.

John estaba saliendo cuando se quedó paralizado en la puerta al ver a su padre.

-¿Eres de verdad? –Le preguntó-

-Sí, hijo, soy papá.

John salió corriendo, abrazó a su padre y éste lo cogió. En esos momentos, John lo miró a los ojos y le dijo:

-Papá, a partir de ahora siempre te creeré, cada vez que ME PROMETAS QUE VOLVERÁS.

Leer el texto completo ...

lunes, 14 de abril de 2008

Corazón suicida

Despertó con las manos ensangrentadas… No recordaba nada de lo que había

pasado, ni que hacía en aquel lugar, o por qué yacía llena de sangre, ni siquiera quien

era… Se sentía confundida, como recién llegada de ninguna parte y sin saber que hacer.

Al momento decidió actuar, moverse, reaccionar. Fue entonces cuando descubrió que su

cuerpo no le obedecía, tal vez porque tenía una grave herida en la cabeza o porque sus

piernas y brazos estaban llenos de cortes, algunos tan profundos que aún no dejaban de

sangrar, pero…¿porqué?¿Qué había ocurrido allí para que estuviese en ese estado tan

lamentable?...


Fue entonces cuando empezó a recuperar la memoria, la consciencia de qué es lo

que estaba haciendo allí y qué había provocado esos cortes en su cuerpo y la herida de su

cabeza. Vio un cuchillo empapado en sangre tirado en el suelo, un ordenador de

sobremesa, unos libros…era su habitación, en la que había ocurrido todo aquel destrozo.

Se detuvo a contemplar ese afilado cuchillo, y entonces le inundó una ola de angustia al

recordar algo muy importante: ella debía morir… Había comenzado por autolesionarse,

tal vez para hacerse a la idea del dolor que iba a soportar o quizás porque simplemente le

gustaba esa sensación: sentir como su vida se le escapaba poco a poco de su cuerpo, notar

que estaba viva, y que si cerraba los ojos mientras lo hacía, podría asomarse al infierno

por unos segundos. Pero esta vez había ido demasiado lejos, o quizás no todo lo que

hubiera deseado, pues debía morir… Esas palabras resonaban en su cabeza , pero no había reunido el valor suficiente para hacerlo. La situación era terrible,

pues había perdido la consciencia debido a la pérdida de sangre continua durante más

de diez minutos. El golpe en la cabeza era consecuencia de haber caído contra el suelo

cuando las fuerzas le abandonaban. Permanecía de pie porque su cama estaba llena de

papeles y fotos que no quería manchar: notas suyas, algunas fotos…Entonces regresó ese

pensamiento con mas fuerza …Consiguió hacer acopio de sus últimas

fuerzas para levantarse, pero resbaló con el charco de sangre que había formado en el

suelo, aunque no lo suficiente como para volver a caer. Esta vez estaba decidida a hacerlo,

nada la detendría. Se acercó al balcón de su habitación, y con mucha dificultad, consiguió

subirse al borde, de pie… Ya no quería dudas ni arrepentimientos. Además, estaba segura

de que una caída desde aquella altura sería fatal. Pero justo cuando ya todo estaba

perdido, miró hacia abajo y descubrió una figura muy familiar. Ese peinado, esos zapatos,

esa ropa… no cabía duda, era él. Al verle, dudó un instante, empezó a pensar que hacia el

allí, y si aquella era la única solución…Cada vez estaba mas convencida de que aquella

salida no le llevaría a nada, tan solo a provocar el sufrimiento de las personas que de

verdad le importaban, o quizás el de persona a la que mas quería: a él.. Pero su cabeza

aún daba vueltas por el golpe recibido, y mientras que millones de pensamientos la

inundaban, su débil equilibrio le falló, su pie derecho resbaló y sus manos no pudieron

reaccionar a tiempo para evitar lo inevitable. Entonces su cabeza dejó de dar vueltas.

Quizás fuera demasiado tarde, pero ya no quería hacer aquello. Quería volver a disfrutar

de aquellos momentos a solas los dos, sin engaños, aunque solo fuera una vez más.

Cambiaría todos sus recuerdos por una noche más con él... Pero ya era demasiado tarde.

Su cuerpo se liberó de toda atadura mortal y comenzó a descender, como si se tratara de

un pájaro, cada vez a mayor velocidad. Su viaje no duró más de tres segundos, tres

segundos que a ella se les hicieron eternos. Se sentía como un ángel que se acercaba cada

vez más rápido a su objetivo…

Irremediablemente, siempre fue una chica distinta al resto. No le preocupaba lo que

dijeran o pensaran de ella. No le preocupaba el que hacer por las tardes después de salir

de clase, ni tampoco con que chicas quedar para ir al cine. Tan solo deseaba que la

dejaran tranquila; tan solo le importaba él, aquel misterioso joven con el que llevaba

meses compartiendo su vida, sus tristezas y alegrías, a pesar de todos sus continuos

engaños y mentiras... Tenía quince años, pero era más madura que el resto de todos sus

amigos. Su rostro, reflejaba seguridad y tristeza, pero no pena, aunque a decir verdad, no

recibía buen trato de los demás. A pesar de todo, no era una chica triste, le gustaba reírse.

Siempre sonreía sin abrir la boca. Tenía amigos, pero no compartía con ellos sus

pensamientos, sino que eran de esa clase de amigos para pasarlo bien. En definitiva era

una chica extraña, y ella lo sabía…


…Por eso pensó que su muerte resolvería muchos problemas y que ya estaba

preparada para sentir esa aterradora sensación; preparada para que su cuerpo y su alma

se separasen definitivamente. Pensó que sería una experiencia muy interesante… Pero se

equivocó. Estaba confusa, y después de todo lo que había pasado durante sus últimos

meses, solo encontró una salida, en este momento solo esa salida…


La verdad es que todos nacemos en una nube; que todos tenemos nuestro mundo,

más o menos parecido al del resto, pero ella no. Ella nació en una nube diferente al resto,

una nube que en su caso, le llevo a la muerte…

Leer el texto completo ...

Últimas palabras

¡Hasta aquí hemos llegado! -Recuerdo que pensaba justo antes de mi último aliento-.

Recuerdo aun a toda aquella muchedumbre, esas grandes masas paseando por la calle, en

busca de sus trabajos, de sus colegios e institutos… recuerdo también que era un día soleado.

Un día brillante y despejado. Un día luminoso, perfecto para salir a pasear, jugar, o incluso a

trabajar –que irónico-. Un día perfecto para terminar con este dolor, un dolor que sin saber

porque aun me invade…

. -Perfecto para un final como

este, pensé-.La verdad, es un lugar en el que no cabe preocuparse de nada. Un lugar en el que

todo es tan preciso como las agujas de un reloj. Un lugar en el que casi podrían rozarse entre

si, los dedos con el cielo. Un cielo que aquella mañana parecía único. Como si nunca hubiera

visto uno igual. –Pensaba mientras contemplaba aquel horizonte tan urbano, pero

tan bonito a la vez- . Claro, que piensen en toda esa gente: niños, adultos, ancianos o jóvenes

en busca de una vida. Personas que, desde aquí son como granos de arena sobre un mar

abierto. Personas como hormigas en sus hormigueros, o como pequeños puntitos, que vistos a

tales alturas, me recuerdan a esos magníficos luceros en las noches de verano. Personas que

no saben nada. ¿O sabrán que les aguarda a cada uno de ellos? No creo, ni siquiera creo que

fantaseen con vidas perfectas, llenas de triunfos o ascensos...¿Que, qué hago aquí?


–Eso mismo me preguntaba yo contemplando esta larga caída, tal como un acantilado.- A decir

verdad, no es ninguna tontería, pues sigo sin recordar como he llegado aquí. Todo empezó con

aquella mujer. Tan genial, tan maravillosa: con la que llevaba compartidos casi 4 años de mí

vida. Los últimos 4 años de mi vida. Era tan bella, tan perfecta Brillante de por si misma…

4 años es mucho tiempo…. Aquella mujer lo era todo para mi, de echo aun lo sigue siendo

pues con ella compartí todo: mi vida, mi trabajo, mi carrera -todo tan perfecto siempre, tan

controlado. Una mujer como ninguna. , -pensaba en silencio-. ¿Saben a que me refiero?:




¿Lo entienden ahora? No, yo creo que aun no. Son demasiado ingenuos como para saber a

que me refiero. Ocupados siempre en labraros una vida. En labraros un buen futuro,

una senda, o camino que seguir como un rebaño de ovejas junto a su pastor. …Pero,

¿Saben? Necesito hablar con ella. Tengo esa necesidad, que me quema por dentro. La

necesidad de decirle cuanto lo siento. La necesidad de saber si aun la quiero. - ¿que cosas

digo?- ¡claro que la quiero! No estaría aquí si no la quisiera. …


¿Si? ¿Diga? -Preguntaba ella de forma fría- . Sostuve la respiración, permanecía casi muerto,

perplejo, asustado. –le dije a entre dientes- , te espero en

las azoteas de mi oficina a las 9 –demasiado tarde quizás-…


No lo entiendo – dijo ella mirando el teléfono- No parecía muy hundido estos últimos días. No,

no es eso, estoy segura. Quizás necesite dinero para sus negocios. No, no creo. Parece no

haberle afectado, pero no lo imagino mucho tiempo fuera de casa. Que situación más

lamentable, -pensé aturdida- No podré evitar llorar, lo sé. Pero no, conseguiré guardar la

calma. No se porque, pero creo que aun le quiero. ¿Por qué me siento así? Ya han pasado

meses de aquello y aun no puedo evitar pensar en el. Me volveré loca si no pongo remedio. –

¿loca por el?-. Aun recuerdo esos 4 años con el. Tan entregado a su trabajo –siempre tan

perfecto y calculador-… Adoraba estar con el, o mejor dicho, le adoraba a el. Era como flotar

en un cielo totalmente incierto, incluso permaneciendo aquí ligada a la tierra.- totalmente loca,

decía para mis adentros....- ¿y que si era todo tan especial? Yo no podía seguir así. Le quería,

mejor dicho, aun le quiero. ¿Lo quiero? La situación era genial, pero siempre tan frío… Tan

alejado. Solo estábamos juntos al salir, en la cama, o incluso a veces al coincidir en casa…

Su lejanía me producía ese amargo dolor que aun me quema, además, me hubiera gustado

tener hijos, y casarnos ¿O no? No lo se, ¿y que si no quiero seguir?.... -No quedaba

mucho tiempo, tenía que ir a verlo-...


Por fin aparece –siempre tan linda y brillante- Jhon, ¿de que quieres hablar?, ya ha pasado

mucho tiempo desde entonces, y espero no tener que hablar de ello. –Ella no me entiende,

solo quiero decirle cuanto la quiero-…Rachel, no quiero que llores más por mí –Mentira, ojala

pudiera llorar yo, tal y como lo haces tu por mi…-. Solo quiero decirte, cuanto te quiero, y que

yo no puedo seguir viviendo sin ti; no si me acostumbraré a la idea de no verte mas. De no

tenerte. Ni siquiera puedo decirte si aun sigo vivo…Quiero que sepas que siempre lo serás

todo para mí.– Yo no sabia como decirle cuanto le quería también, ni siquiera quería hablar de

eso -¡Vaya! Ya me hiciste llorar-.... ¿Jhon?


–Ya nunca más la veré, pensaba de nuevo invisible, sentado en

aquel bordillo de la azotea-.¿Cobarde? Ingenuos –siguen sin entenderme-. Mi tiempo se agota,

mi alma se evapora, desaparece tristemente. Casi ni siquiera existo en el presente. Ya no

podía seguir mas tiempo allí, pues estaba tan frió, que mi piel casi arañaba… como papel de

lija. Espero que algún día ella lo entienda. –Que desafortunado he sido al perderla-….


Sonó el despertador un día más. Rachel comenzaba su vida como cualquier otro día. Un

día soleado. Un día brillante y perfecto; perfecto para salir a jugar, a pasear, o incluso a

trabajar. Se arregló a toda prisa y se preparo para salir. Desayunaba rápidamente, casi

forzada, mirando las noticias: ¡Dios! Que lástima. Otro

pobre infeliz –pensé mientras me apresuraba a salir-. Sonó el teléfono. Lo cogí. Me quedé

helada. Era como si en ese instante un calambre hubiera recorrido mi cuerpo, paralizándome,

helando toda mi sangre, rompiéndome el alma en mil pedazos de desesperación –que triste

recuerdo- Partí inmediatamente hacia el lugar del accidente. Aquel cadáver desfigurado,

tapado en medio de aquel charco de sangre a la vista de todo el mundo... Aquel papel

manchado con mi nombre, -como si hubiera quedado firmado dolorosamente-, ¡Era imposible! :


Que afortunada fui al conocerle, y que desafortunada al perderle. Tan vivo. Tan perfecto. Tan

simpático como ninguno… ¿Qué he hecho? –Me preguntaba entre lágrimas-. ¡He matado a

la persona mas amaba!...


¿Me entienden ahora? ¿O siguen en babia? –Pobres ingenuos, gritaba

mientras todo acababa-.

Leer el texto completo ...

jueves, 3 de abril de 2008

Sigue tu sueño

Sigue tu sueño

Violeta es una jovencita de 16 años, es bailarina. Baila en el conservatorio de Madrid, pero ella es de Málaga. Su vida es muy interesante, y algo triste.

1er capítulo

Violeta nació en Málaga, su familia era muy reducida pues ella era la única hija. Era una niña muy bonita, con el pelo castaño oscuro como su padre. Los ojos los tenía muy grandes y con tonos violetas, de ahí sus padres decidieron su nombre. Tenía una cara misteriosa y linda que hasta iluminaba al sol. Sus padres, Raquel y Ricardo trabajaban como profesores en un colegio cerca de casa.

Cuando Violeta nació las cosas cambiaron y fueron apareciendo algunos problemas en el matrimonio. A los dos años del nacimiento de la niña, se divorciaron. Violeta se quedó con su madre, pues de Ricardo no se supo nada más.

Cuando Violeta cumplió cinco años, su madre la apuntó al colegio. Ella se sentía muy orgullosa.

-mamá, ¿crees que haré muchos amigos?-le preguntaba la niña por el camino hacia la escuela.

-Claro que si cariño.-le contesto su madre.

- y, ¿crees que seré una buena estudiante?-preguntó Celeste algo preocupada.

-Por supuesto, y yo te apoyaré mucho.-afirmó Raquel con seguridad.

Las dos siguieron andando y por fin llegaron. Violeta se esperaba algo más grandioso, divertido y bonito, como ella veía en las películas que su madre alquilaba los fines de semana.

-Adiós mamá.

-un beso cielo ¡pásatelo bien!

2º capítulo

Cuando Violeta entró en la clase, vio a veinte cuatro niños y niñas de su misma estatura. Cuando iba a sentarse una voz cursi y femenina decía:

-¡Hola! ¿Cómo te llamas?

-Soy Violeta, ¿y tu?

-¿Violeta? ¡ qué nombre más feo!

-pues ¿veamos el tuyo?

-soy Margarita

-¡no le eches cuenta Violeta! Soy Paula, sentémonos en un pupitre y dejemos a esta tonta aquí.

Margarita se fue enfadada, mientras que Paula y Violeta empezaron a conocerse, desde entonces fueron amigas inseparables.

3er capitulo

Violeta cada tarde después de hacer los deberes iba a jugar con Paula al parque, pero algunas veces se aburría. Entonces su madre decidió apuntarla a alguna actividad extraescolar. A Violeta le encantaba la danza clásica, cada vez que veía algún ballet se quedaba embobada. Sus interpretaciones preferidas eran``EL LAGO DE LOS CISNES´´ y ´´GISELLE``.

Su madre decidió apuntarla a una academia no muy lejos de casa.

El primer día violeta estaba bastante nerviosa y le daba vergüenza. Pero a la vez sentía curiosidad y muchas ganas de aprender a bailar.

Cuando entró vio una clase de paredes color salmón claro, una profesora delgada y guapa vestida de negro y unas niñas de su edad con un maillot blanco, como el que le había comprado mamá. La verdad es que ella se esperaba un gran escenario lleno de personas importantes (entre ellas mamá), dispuestas a ver un gran ballet, como los que salían en la televisión. Cuando entró todo el mundo le sonrió amablemente menos una persona.

La profesora Estefanía no le sonrió como las demás niñas, solo le digo que se apoyara en la barra e intentara seguir a sus compañeras.

Estefanía era seria y estricta solo quería la perfección. Pero a Violeta no le salían los pasos pues era el primer día, pero a pesar de ello, parecía que la profesora no lo tenía en cuenta. A Violeta no le caía bien. Aunque violeta no se sentía tan mal porque había niñas muy buenas en la clase. La que más le gustaba se llamaba Anne, una chica inglesa que bailaba bastante bien.

Al salir de la clase Anne la preguntó a Violeta:

-Hola, ¿qué tal tu primer día?

-bueno…

-tranquila, yo me sentía igual mi primer día y no me gustaba la profesora. ¿y a ti?

- no mucho -dijo Violeta algo triste

-eso es porque no la conoces, ella en su vida cotidiana no es así, es que las profesoras de ballet tienen que ser así.

Entonces Violeta vio a su madre y salió disparada.

-adiós Anne encantada de conocerte

-igualmente Violeta.

4º capítulo

Violeta permaneció en la academia unos tres años, ya era medio bailarina le decía Estefanía, que como decía Anne cuando la conocías mejor, era un cielo de profesora. Violeta se convirtió en unas de las mejores de la academia y bailaba en escenarios, pero no venían personas importantes, sino personas conocidas por las chicas y chicos que bailaban. Como siempre iban a verla mamá, Paula y la madre de Paula.

Sus mejores amigas eran Paula y Anne, pero ella también tenía muy buenos amigos. Era privilegiada porque tenía amigos en la academia y en el colegio. Ella se sentía demasiado feliz, pero las cosas no le fueron así.

Pues su madre últimamente salía mucho de casa.

5º capítulo

Un día después del colegio Raquel estaba sentada en el sofá esperando a Violeta, pero esta vez no estaba sola, ni con la madre de Paula.¡estaba con un hombre! Violeta no se lo podía creer.

Cuando su madre habló con ella, Violeta se fue llorando a su habitación, y enseguida llamó a Paula y a Anne.

Se lo contó todo a sus amigas y cuando estas se enteraron se dirigieron a la casa de Violeta rápidamente.

Entraron las dos amigas en la casa y se sentaron en el salón las cinco personas. Entonces aquel hombre desconocido empezó a hablar:

-como sabéis, la madre de Violeta me a hablado mucho de su hija. Así que, sin pensármelo dos veces, decidí ir a ver a Violeta a la academia .Como Raquel me comentó, Violeta puede llegar a ser una gran bailarina, pero eso si tiene un buen apoyo. Entonces hemos decidido Estefanía, Raquel y yo que deberías venirte al conservatorio de danza de Madrid. Allí podrás aprender más, con un nivel mas avanzado.

Las tres niñas empezaron a llorar pues solo se verían en verano.

Violeta dedicó esa semana a despedirse de sus amigos y principalmente de su profesora:

-gracias por haberme enseñado todo lo que sé.

-gracias a ti, por haber sido la mejor alumna que he tenido, te echaré de menos.

Violeta se fue a Madrid con el amigo de su madre, allí aprendió mucho. Los veranos se trasladaba a Málaga con mamá y sus amigas.

También en el conservatorio hizo buenos amigos.

Desde entonces esta allí día tras día, semana tras semana, año tras año, luchando por su sueño. Pues la danza es algo muy sacrificado, aunque a la hora de verlo, parece un bonito cuento de hadas.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.




FIN

Leer el texto completo ...

miércoles, 2 de abril de 2008

La carretera

LA CARRETERA

Estaba ahí. Como todos los días. En el mismo sitio.Esa chiquilla de ojos negros que todas las noches se aparecía en su mente y se iba como si nada. Aquella niña de piel blanca, cabellos negros y largos y de estatura baja, que la miraba con mirada triste y se marchaba de ese extraño lugar que le parecía conocido pero que no lograba recordar. Todos los días una y otra vez, después de despertar de ese extraño sueño, se le venía a la mente el horrible recuerdo de aquel día.


Ángela iba con su madre por la vieja carretera que unía la ciudad con el pueblo. Era el día de nochebuena y se disponían a ir a casa de sus abuelos, cuando un enorme aguacero las sorprendió. Una luminosa y radiante luz se paró delante de ellas y el coche volcó.

Ángela se despertó; estaba en la sala del hospital de la gran ciudad, y con impaciencia, buscaba a su madre, pero no estaba. No entendía nada, no recordaba nada, y no se explicaba que hacía en ese lugar. Pronto llegaron sus abuelos y se la llevaron a casa; poco a poco intentaron explicarle lo que había pasado. En una peligrosa curva su madre había perdido el control y en un descuido su coche quedó volcado en la carretera. Ella había sobrevivido al accidente, pero su madre no había tenido esa suerte.

Ángela se sentía sola. Sus abuelos no la entendían. En ese lugar había sucedido algo más que un simple accidente; estaba segura. Su mente estaba en blanco, solo recordaba que iba con su madre a casa de sus abuelos por esa vieja carretera llena de curvas y baches, pero nada más. Sabía que sus abuelos le ocultaban algo, pero no sabía qué. Todo eso no le importaba, en su mente solo estaba la imagen de esa pequeña niña que se le aparecía todas las noches en su sueño desde la muerte de su madre.


Pasaron los años, y en su mente ya empezaba a ver con claridad y empezaba a distinguir algo, pero no lo necesario para sacar información. Recordaba que había algo en esa luz que las sorprendió, y que, días antes del accidente, su madre había estado investigando sobre un caso parecido de una extraña carretera.

Empezó a buscar información, pero no le decían nada; era inútil, nadie la podía ayudar y nadíe la comprendía. Se cumplía diez años de la muerte de su madre, era nochebuena y quería estar sola. Una y otra vez, se le venía a la mente esa horrible imagen de ese terrible accidente. Estaba nerviosa, agobiada, triste y sintió la necesidad de acudir a ese lugar después de tantos años, y donde había ocurrido todo.

Era luna llena, y sentía el mismo miedo de aquella noche y a la vez una rara sensación que le recorría todo el cuerpo. Se encontraba justo en el sitio que había sucedido todo.

Quería despejar su mente y se quedó un buen rato pensando. No estaba equivocada. Pensó en ese sueño y en esa niña, y efectivamente se encontraba en el mismo lugar de sus sueños. No lo entendía. ¿Qué significaba todo eso?. Cuando ya se iba, algo muy extraño ocurrió. Una gran luz se reflejó delante de ella y en ese mismo instante desapareció. Estaba ahí. Esa niña pequeña de ojos negros y mirada triste, se encontraba delante de ella. ¿Se trataría de un sueño?. No .Era la realidad. Se acercó y la acarició y, en ese mismo segundo, la niña desapareció. Durante un tiempo seguió visitando aquel lugar. Pero ya no estaba.

Después de unas semanas, se produjo la apertura del testamento de su madre. Entre sus cosas, había un pequeño baúl viejo y sucio, que su madre guardaba desde hacía tiempo. Pero lo que de verdad llamó su atención, fue un viejo sobre arrugado que contenía una extraña foto y un pequeño mapa.¡Era ella!.La niña de la foto era la niña de sus sueños. Era demasiada casualidad: su sueño, el accidente,y ahora la foto. En su mente había miles de preguntas, ¿Quién era esa niña?, ¿qué tenía que ver su madre con ella?¿la conocía?...

Cada vez estaba más confusa, no tenía la información necesaria para descubrir ese enigma y nadie la creía. Recordó que dentro de ese sobre había un pequeño mapa del bosque al que se accedía por la carretera. Acudió a ese lugar con ayuda del mapa, era un sitio precioso, rodeado de flores y árboles, lo que la sorprendía pues se encontraba en un lugar muy triste y abandonado. En el centro de aquel sitio había un pequeño recordatorio con una pequeña lápida en la que aparecía una texto escrito: Samanta, (1980-1985). Todo eso le era conocido, sentía que había estado ahí, ¿pero cuando?.


Cierto día, fue a visitar al párroco del pueblo, pues él fue el que le envió la carta a su madre y por lo tanto él debería tener información. Estaba en lo cierto, el mismo recordó que le había enviado ese documento a su madre hace un tiempo antes del accidente. Ángela le pidió información de esa niña, del recordatorio que había en ese lugar y por supuesto, de quién era ella, tambien comentó que más de una vez la había visto en sueños y que ella misma la había visto en persona en esa carretera. El párroco lo negaba; era imposible, se trataba de una pequeña niña de cinco años, llamada Samanta que también había sufrido una trágico accidente con su madre en esa misma carretera hace aproximadamente unos veinte años. ¡Exactamente,el 24 de diciembre de 1985!

Leer el texto completo ...

El Caballero Luz de Luna


Era una mañana tranquila en las calles de Sevilla. Nuestro protagonista, Fernando López Gracia, llamémosle Fernando a secas, un estudiante de dieciséis años, se dirige al instituto como otro día cualquiera. Fernando es un chico tímido, aislado, bueno y trabajador, al que no le gusta meterse en jaleos y siempre está solo, estudia en el I.E.S Antonio Machado. La mañana se desarrollaba con normalidad, sin contratiempos, pero cerca del instituto, unos gamberros le salieron al paso.

-¡Eh, tú!- le gritaron todos-, ¡el rarito!,- pero Fernando no contestó, y decidió seguir su camino, entonces el jefe de la pandilla lo agarró del cuello y le gritó- ¡qué contestes cuando te hablamos!-A Fernando no le gustaba pelear, siempre que alguien le preguntaba por qué no se defendía de los matones el siempre respondía “poco motivo tengo, además, no me gusta pelear”, pero comprendió que la situación había llegado muy lejos, ya que lo acababan de tirar al suelo. -¡¿Qué queréis tú y los tuyos esta vez, Raúl?!- Les respondió. Tan mal le sentó la respuesta a este matón, que de no ser por la intervención de un profesor que pasaba por allí, éste le hubiera dado una paliza enorme. Fernando siguió, después de este incidente, hacia el instituto. La gente, que se había enterado del accidente, se interesó por él, pero él respondía siempre que sólo había sido un accidente, aunque, siendo sinceros, nadie deseaba vengarse más que él.

Estando ya, a mitad de las clases, entró el conserje, que le dijo a Fernando que se pasara por el despacho del director, por el incidente de esta mañana. Llegó pues al despacho del director y le dijo que esperase en una sala que estaba detrás de una vieja puerta de madera. Fernando estaba extrañado, pues algunas veces que había ido al despacho del director no recordaba haber visto esa puerta, sin embargo, obedeció, y entró en la sala. Cuando entró en la sala, vio que era una sala algo deteriorada por el paso del tiempo, decorada con armas y armaduras, avanzó unos pasos, cuando sintió una sensación de vértigo, como si la realidad comenzara a girar y a deformarse a su alrededor, a medida que avanzaba hacia el centro de la sala, más se intensificaba la sensación. Tras casi haber perdido el conocimiento, descubrió el origen de la sensación, provenía de una espada y una armadura expuesta en una plataforma en el centro de la sala, al acercarse, perdió el conocimiento, pero se agarró a la espada.

Cuando despertó, vio que la habitación estaba casi destruida y en ruinas y que llovía, Fernando, además notaba que le pesaba el cuerpo entero. Tratando de averiguar dónde estaba y que le había pasado al instituto y a la ciudad, se miró en un charco y vio que tenia puesta la armadura del centro de la sala, y la espada estaba en el cinto de la armadura. La espada era negra, de hoja curvada y adornada con una enorme calavera en el mango, mientras que la armadura era igual de negra, en el pecho, había grabado un signo extraño, que era una calavera plateada, con cinco puntas de estrella a su alrededor, y con dragones plateados en guanteletes y en las botas de hierro, y el casco articulado en forma de cobra, parecía un demonio salido del infierno, pero no le dio tiempo a aterrarse de su aspecto, pues en ese instante, unas criaturas, verdes, con forma de reptil, y con gran tamaño, se acercaron a él. Estaban cerca de él, y le atacaron, él se vio obligado a defenderse, como ya dije antes, no le gustaba pelear, pero cuando se trata de defender su vida, la cosa cambia. Se defendía con la espada, pero, no podía atravesar la dura piel de los monstruos, uno lo acorraló contra una pared, en ese momento, en su interior, fue como si su vida empezara a pasar delante de sus ojos, y cuando llegó a los recuerdos de los abusos, sintió en su interior una sensación de odio. Recuperó el conocimiento y alzó la espada, el odio se acumulaba en la espada, hasta que tras un tiempo de acumular odio en su interior, soltó un grito y la espada obtuvo un aura roja, que despedazó las extremidades de uno de los monstruos al que abatió después con una estocada, el otro lanzó un ataque con salto, pero se lo devolvió con otra estocada que lo atravesó de pecho a espalda, y el monstruo cayó al suelo fulminado, pero poco tiempo tuvo para saborear la victoria, pues de repente otra figura, esta vez humana, se le apareció.

Era una especie de monje con una túnica negra, que se dirigió hacia él.

-Fernando, bien hecho, has superado la prueba- dijo el extraño.

-¿Esto era una prueba?, ¿Quién eres?, ¿Qué quieres de mi?- preguntaba Fernando aturdido.

-Era una prueba para medir tus habilidades- dijo y continuó su charla- eres el siguiente de una estirpe de caballeros oscuros, destinados a ser los artífices del caos. Tú eres el más grande, el que ha sido elegido por la gladius tenebrarum, espada que llevas en la mano que encierra el poder del caos y la destrucción, y yo soy Belcegor, monje de la oscuridad y el mal.- Se detuvo y tras una pequeña pausa, - esta es la segunda dimensión, donde las leyendas y los mitos oscuros son realidad, y concretamente en el Templo del Mal, lugar donde se liberará el mal en esta tierra.

Fernando estaba confuso, hace unas horas era un simple estudiante y ahora iba a ser el que desatara el mal en esta tierra, aquí había algo raro, pero no le dio tiempo a reaccionar. De repente apareció un altar, con una hermosa doncella, de pelo largo y negro, vestida como noble, y de nuevo, Belcegor se dirigió a él.

-¡Atraviésala con tu espada!-gritó- mata a la futura emperatriz de este mundo, derrama su sangre real, y el poder encerrado en tu espada liberará el poder del caos. Con él podrás hacer cosas increíbles.

Fernando se quedó dubitativo, podrían cumplirse todos sus deseos, pero el precio era demasiado alto, sacrificar dos mundos enteros, él no quería eso. A si que, después de varios minutos respondió.

-Es una oferta tentadora- respondió- pero el único que no saldrá vivo de aquí, eres tú, apenas sé qué eres, pero sé que no soy como dices que soy, así que aquí acaba tu ambición.

-¡Traidor!- gritó a los cuatro vientos, y sacando una daga, empezó a brotar un aura maligna a su alrededor- ¡el poder del caos corre por mis venas y me hace invencible! ¡Vas a morir!

La batalla empezó, el monje oscuro, estocada tras estocada, hizo a Fernando retroceder más y más hacia la pared, acorralándolo y a veces usando su poderosa magia, para aturdir a Fernando. Entre tanto la doncella despertó, y el monje se dirigió a clavarle la daga, para desatar el poder del caos, pero de repente la gladius tenebrarum tomó un aura azul y la clavó en la espalda del monje loco. Éste se retorcía de dolor, preguntándose cómo era posible, Fernando se dio cuenta al instante, pues el odio hacia el monje se había mezclado con su espíritu de justicia y el amor que había surgido en su corazón por la hermosa princesa había creado un aura poderosa que acabó con él. Se quedó mirando la hermosura de la doncella, y ésta observaba a su salvador, el que sería el asesino del mundo se había revelado contra su destino, y cuando éste se quitó el casco, pensó que él no estaba mal. Fernando la iba a sacar de aquí, pues el lugar estaba temblando y salían monstruos, salieron al exterior, donde encontraron un caballo negro. Cuando Fernando subió le salieron alas negras y volando la pareja vio el lugar estallar.

Se detuvieron en una colina, y estuvieron hablando toda la noche, ella dijo que se llamaba Diana, y estuvieron bastante rato contando cosas sobre sus respectivos mundos. Estuvieron hablando mucho tiempo, cuando de repente se apareció una luz, que arrastraba a Fernando hacia su interior.

-¡Diana!, ¡no me dejes!- suplicaba Fernando.

-¡Fernando!, ¡siempre estaré contigo!- gritaba Diana- ¡aquí eres un héroe, y nos volveremos a ver!, ¡no sé cómo, pero te lo prometo!- y Fernando desapareció.

De repente, despertó en el despacho del director, creyó que había sido un sueño, pero el director no lo llamó para lo de la riña con los abusones. Le dijo que una alumna nueva quería que él fuera quien le enseñara el instituto, y cuando la vio, descubrió que se trataba de Diana, la joven princesa que rescató de ese mundo misterioso, no supo cómo, pero había cumplido su promesa.

Desde entonces la vida no volvió a ser igual, con Diana a su lado, ya no estaba solo, se relacionaba con los demás, y los abusones lo respetaban. Diana y Fernando se amaron por siempre jamás, y se concedió el apodo por el que era conocido en el mundo de Diana, el Caballero Luz de Luna, que quería decir que era un caballero que era oscuro como la noche, pero que tenía una luz, brillante en el fondo de la oscuridad, compuesta de justicia, amor y amistad.

Leer el texto completo ...

jueves, 27 de marzo de 2008

Noelia y el tiempo

NOELIA Y EL TIEMPO

La conocía poco, puesto que solo era aquella pequeña y simpática personita llamada Noelia, que, cada noche, repetidamente, aparecía en mis sueños. Pero aun así, siempre había sabido lo que ella quería conseguir: EL TIEMPO.

Noelia era muy juguetona, pelo liso y suave cual la seda, piel tan clara como el mas deslumbrante destello de sol de cada amanecer, sonrisa blanca y pura, como las perlas de lo más profundo del océano, y, un carácter que a veces resultaba extraño, por la forma e que lanzaba las palabras, tal cual se lanzan cuchillos al viento.

Ella cada noche entraba en mis sueñas sin ni siquiera preguntar, ya estuviese yo soñando que era la persona más feliz del mundo o siendo perseguida por horribles bestias; ella entraba sin más.

Cada vez que esto ocurría siempre se quedaba contemplando a la luna desde su ventana, aquella luna que irradiaba los más bellos destellos plateados, que a su vez iluminaban la oscuridad de la noche; pero la luna nunca estaba sola, siempre iba acompañada de sus “Hijas Guardianas”, como Noelia acostumbraba a llamar a las estrellas, también pensaba que si estas brillaban de esa forma tan espléndida era para cegar a cualquier bestia inmunda que intentase atacar a la luna. Ella simplemente, pensaba así, pensamiento con el que yo siempre había estado de acuerdo.

Noelia quería conseguir el tiempo porque creía que de esa forma podría contemplar escenas tan bellas como la que venía a ver cada noche en mis sueños; creía que podría parar el tiempo e la caída de la más bella cascada de agua pura, en la puesta perfecta de sol en la playa, o, en un bosque al que ella acostumbraba a ir cada mañana, a eso del mediodía, puesto que los rayos del sol penetraban entre los pequeños huecos que dejaban los frondosos árboles y se iban moviendo de acá para allá, de forma que Noelia lo tomaba por un juego.

Una mañana como otra cualquiera, o eso pensábamos las dos, ella tomó el camino hacia el bosque un cuarto de hora antes de que fuese el mediodía.

Penetro en este y llegando al más bello núcleo del bosque, encontró en el suelo un viejo y polvoriento libro. Lo tomó entre sus pequeñas manos y lo abrió; se quedó totalmente impactada cuando susurró para su interior el título del libro, y no era para menos puesto que el libro se titulaba: EL TIEMPO.

Se marchó apresurada a su casa y le comunicó a su madre que estaría todo el día en su habitación. Una vez allí, Noelia comenzó a leer el libro detenidamente, y era muy extraño, todo eran símbolos y fórmulas incomprensibles. Ella tomó todas las enciclopedias y libros en relación con las fórmulas científicas que encontró en su casa. Al fin, tras haber dado unas cuantas cabezadas ya por agotamiento y a altas horas de la madrugada consiguió descifrarlo por completo.

En ese momento Noelia prácticamente podía contener en su mano su propio corazón, se le cortó la respiración y su mente quedó por completo en blanco.

Aquel extraño libro que había encontrado en el bosque contenía los versos que eran necesarios para conseguir su sueño, detener el tiempo; por fin, había llegado su momento.

Sin planteárselo ni un solo instante, Noelia tomó en su mano el libro, se puso de pie y fijó la mirada en la luna a través del transparente cristal de la ventana.

Una vez preparada, recitó las palabras contenidas en la traducción de aquellas extrañas fórmulas.

Cerró los ojos y pensó en todos las veces que había deseado que aquello que estaba a punto de ocurrir, ocurriese.

Al abrir los ojos, Noelia notó una sensación indescriptible, algo paranormal. Miró su reloj y este se encontraba parado, salió al salón y a la cocina de su casa y allí se encontraban sus padres completamente paralizados, ni siquiera una pequeña corriente de aire recorría un solo pasillo de su casa.

Por unos minutos, incontables en esa situación, Noelia se sintió la niña más feliz del mundo. Contempló la luna con admiración, se dirigió al lago que se encontraba en el bosque y lo contempló felizmente. Más tarde, tras haber contemplado el paisaje y haber disfrutado del silencio de la noche, decidió volver a casa y tomar el libro, puesto que recordaba haber leído que tras unos doce minutos aproximadamente todo debía volver a la normalidad, y así era, lo comprobó y en el libro se encontraban escritas esas palabras, pero en la realidad, esto no había ocurrido, todo seguía paralizado tras al menos media hora.

Noelia se empezó a preocupar, con los nervios a flor de piel comenzó a buscar en el libro las palabras adecuadas para volver a reconfigurar el tiempo.

Pasó las hojas apresuradamente, mientras un escalofrío recorría todo su cuerpo, no lo encontraba por ningún sitio, volvió a empezar, pasó las hojas con desesperación, cada vez más deprisa, necesitaba remediar aquel error fuese como fuese.

Noelia empezó a sentir miedo, si no lograba encontrar lo que buscaba, no sabía lo que podía llegara a ocurrir.

Comenzó a sentirse cada vez más débil y angustiada, el pánico se apoderaba poco a poco de todo su ser. Cerró el libro, primero debía tranquilizarse, de no ser así, jamás encontraría lo que estaba buscando.

Después de un breve descanso retomó la búsqueda, esta vez pasó las hojas leyéndolo todo, fijándose hasta en las letras más pequeñas, cada vez quedaban menos hojas, hasta que llegó a la última página y leyó horrorizada la siguiente advertencia:

* Si llegas a descifrar las palabras, no las pronuncies jamás, ya que es imposible volver a configurar el tiempo.



El libro se le resbaló de las manos y cayó al suelo sin hacer el menor ruido, estaba totalmente paralizada debido al terror que sentía en ese momento, nada podía reaccionar en ella;

-¿Por qué no me fijé en la advertencia?; ¿Por qué no pensé antes de parar el tiempo?- Se preguntaba una y otra vez Noelia con gran melancolía.

De nada servía ya lamentarse puesto que no había vuelta atrás para remediar su error. Aquella situación no tenía solución, estaba todo perdido.

Perdido como Noelia se encontraba en ese momento, momento en el que no existía el frío ni el calor, el odio ni el amor, solo ella y el mundo, el mundo y ella.

Se alejó de su casa y se adentró en el bosque para encontrar la tranquilidad perdida, pero no la hallaba, buscó la felicidad y no aparecía…lo único que encontró era miedo, temor, soledad…

Era demasiado tarde para pensar en lo que había hecho con el tiempo.

De repente Noelia sintió como un rayo de sol iluminaba y templaba su rostro, ese rayo de sol provenía de la ventana de su habitación.

Se levantó sobresaltada, corrió hasta llegar a la habitación de sus padres, donde estos gozaban de un espléndido sueño. Noelia los abrazó con tal fuerza, con tanta energía, tan alegremente, pues acababa de comprender que todo había sido solo un extraño sueño.

El viento corría por los pasillos de su casa, las ramas de los árboles se agitaban al paso de la brisa del amanecer, y ella estaba eufórica y sorprendida. Noelia se paró a pensar y se dio cuenta de que debería saber disfrutar del paso del tiempo y comprender que la belleza de las cosas radica en su fugacidad y basta contemplarlas un instante para ser felices.

En ese momento yo desperté y recordando aquella noche tan curiosa, volví a dejarme caer sobre el colchón, respiré profundamente, y me sentí con ganas de vivir. Desde aquel momento comprendí que los momentos más bellos de la vida no son los más extensos, sino los más intensos.

Leer el texto completo ...

lunes, 24 de marzo de 2008

Transformación

Transformación

“¿Dices que el aire es inmaterial? Lo único que separa nuestros labios son lagunas etéreas de aire, y ya he perdido la esperanza de atravesarlas”

La vida fue una etapa de insondable angustia para mí. Me faltaban sentimientos por compartir, amor por entregar; necesitaba llenar los espacios en blanco a tu lado… Pero eso nunca te importó. Vivía encerrado en un mundo tan gris que la locura era la llave y el símbolo de la inteligencia, un mundo que tú conocías bien. Soledad. Desesperante soledad, un abandono total. Deseos de entrega y de esperanzas compartidas, de senderos junto a ti lejos de la civilización maldita… Lejos del suplicio infernal. El miedo a traspasar las barreras hizo presa de ti, que me enseñaste a romperlas. Te fugaste, y sólo quedó atrás el recuerdo corrupto de tus besos. ¿Dónde estás? Vacío. Todo permanece en el vacío.

La existencia no era más que otra faceta de la tortura a la que mi espíritu ha estado sometido desde que recuerdo tenerlo como tal… ¿Y qué es éste ahora? ¿Crees imposible que de los sueños nazcan los actos más pasionales, si acaso somos algo más que un sueño? ¿Es que hay alguien lo suficientemente necio para no creerlo así?... Porque ésta es la explicación que doy a mi actual estado, a mi forma de existir, desde la que te busco, alzando la voz allí donde halla una pizca de mí.

Los senderos de mi vida se recorrieron con pasión y anhelo, pero el cansancio los derrotó, mutándolos en un único deseo: Cambio… Seguí buscando los sueños imperecederos de mi alma, pero la verdadera Voluntad inmortal que rige mi conciencia sabía que había que buscarlos de otra forma…, tendría que cambiar algo. Pasaron los días y sentí la llamada más fuerte, sacudiéndome en su intento por mover el fuego de mi interior…

…Noches enteras ante el mar, contemplando la línea imaginaria que separa eternamente el aire de las aguas, apartados el uno del otro por más que luchen por unirse, tan delgada como la frontera que nos separa de la demencia. Sutil, inalcanzable, inexistente y tan poderosa, no obstante, que retiene a las estrellas atadas en el firmamento, desde donde son obligadas a contemplar la magnificencia de las aguas sin poder sumergirse en ellas…

… Y las noches sucedieron a las noches, y el deseo de Cambio se intensificó hasta hacerse insoportable. Entonces, la senda se abrió entre mis pensamientos, la Voluntad superior de Cambio me tomó de la mano y me mostró la senda: caminé hacia la inmensidad azulada que tanto tiempo había contemplado.

…Y sobrevino el Cambio. Noté el agua fresca bañando mi piel a medida que avanzaba. Su tacto era dulce, tan suave que resultaba turbador, y tenía la delicadeza de los ángeles. Tenían el sonido de mil campanas recibiéndome con claros tañidos celestiales que, junto con la luna, hacían de faro la más apacible de las noches. La temperatura del agua aumentaba gradualmente conforme fui sumergiéndome, haciendo de lecho para acogerme… O tal vez fue la mía la que bajó hasta que quedamos igualados en un acto de amor puro... Al poco, tuve la sensación de no tener piel. Estábamos alcanzando tal grado de unión que no necesitaba sujeción, me estaba tornando fluido poco a poco, consumando la unión entre placenteras oleadas de emoción.

La corriente me atraía hacia ella y yo no podía resistirme. Cuando descubrí que ya estaba totalmente sumergido no me sorprendí, ni me pareció extraño que no necesitase respirar, pues me encontraba en un estadio superior. Mis cabellos se deslizaron por detrás de mí, es decir, por detrás del espacio en el que se concentraba mi conciencia, hasta envolverme y difuminar los límites de mi espíritu, que se expandió por la vasta infinitud del océano. Mis sentidos cayeron, la visión se transformó en una delgada franja horizontal que, posteriormente, se dilataría hasta abarcar toda mi dimensión; el sonido se transformó en un murmullo melancólico, que nace en lo más profundo de mí mismo y me arrulla como una nana; del resto, ni siquiera conservo los recuerdos. Mi mente se distiende junto con mi propia esencia, y puedo alzar un tenue rumor mientras fluyo a lo largo de toda mi realidad, como un hálito espiritual libre de las cadenas físicas.


Ahora tengo existencia ilimitada. No sé del tiempo ni del espacio, pero conozco todo cuanto soy, hasta el fragmento más ínfimo de mi superficie. He visto el mundo entero y he salido de él hasta disiparme. Sin embargo, aún no te he visto. Te he llamado en todos los confines de mi ser y las palabras vacías regresan vacías. He entendido que no puedo encontrarte, y sin ti estoy perdido. El precio de mi transformación es mucho más alto del que podría haber imaginado al emprender el viaje sin retorno, pero entonces no sabía que estaba renunciando a ti, que somos demasiado diferentes y siempre lo seremos.

…Porque tú eres aire.

Leer el texto completo ...

viernes, 14 de marzo de 2008

La tierra desértica


La tierra desértica


I. La amenaza

Hace ya mucho tiempo, cuando cada pais y continentes ya estaban muy desarrollados los habitantes de la tierra, vivían estupendamente porque en aquellos tiempos no había contaminación; y por eso, al no estar tan contaminada, nuestro planeta era mucho mas bello que hoy en día. Pero esa belleza era una atracción mortal, pues, los seres de otro planeta querían apoderarse de la tierra puesto que su lejano planeta se estaba deteriorando porque allí habitaban demasiados seres y no había suficiente oxigeno, comida y agua para todos. El caso es que llegaron dos enormes naves, tan enormes que cubría media ciudad o incluso más. Las personas, aterrorizadas, huían, pero los mas valientes y curiosos, se quedaron para ver que era esas naves y quien la pilotaba. De allí salieron dos grandes seres de color negro, con varios brazos, con un par de piernas, con un ojo y tres cosas raras que le salían por donde deberían estar las orejas. Eran verdaderamente orripilantes daba náuseas verlos, y además olían a animales en descomposición. Algunos de los que se quedaron hulleron despavorido, no por su aspecto, si no por su olor. Un ciudadano de mediana edad llamado Octolipus dijo:

-no se si me entiendes pero, ¿de dónde venis?. Aquel ser, emitió unos sonidos muy graves, y de repente se puso a hablar en su idioma.Otro ser raro que estaba detrás del otro ser, sacó una minúscula máquina de su “bolsillo”, y se lo tragó. Y empezó a hablar en nuestro idioma. Dijo:

-hola, venimos del planeta 34234, creo que el vuestro es el 34220 ¿ no es así?. Octolipus tomo aire y dijo:

-no, nuestro planeta se llama tierra, ¿a que habéis venido?

- hemos venido para apoderarnos de tu planeta, así que, ya podéis iros de aquí, o, si lo preferis, ser nuestros exclavos, ¿qué te parece?. Octolipus, se quedó callado, y son un suspiro dijo:

-bueno, ¿y por qué habéis elegido nuestro planeta?

-porque es el único planeta mas cercano, y el que tiene todo lo que necesitamos, comida, abundantísima agua, suficiente oxígeno... Y además vuestro planeta es mucho mas grande. Octolipus, no sabía que decir, pero, lo único que se le ocurría para salvar su planeta fue:

-ni hablar, no os dejaremos que os apoderéis de nuestro planeta, os atacaremos si es necesario, somos billones de soldados. Dijo Octolipus exagerando mucho para asustar a aquellos seres.

-¡ja! No me asustas, nosotros somos sixtillones, y sin exagerar, somos el doble; pero, si lo que queréis es guerra, lo tendréis. Y dicho esto, se marcharon de la tierra rápidamente, pero, seguramente, volverían.

II. La llegada

Cuando a Octolipus le dijo aquel ser que iban a atacar, se empezó a marear del susto y de lo que le esperaba. Pasaron los días y Octolipus ya informó de lo que iba a suceder. De inmediato, reunieron todos los ejercitos posibles, y reunieron armas e hicieron miles de armas nuevas y mas fuertes. Aunque Octolipus sabía que no iba servir de nada, pero no perdían nada por intentarlo. Al final llegó el día que Octolipus esperaba, pero, el se quedó sorprendido cuando vio llegar sólo una nave mas pequeña que la anterior. Y al aterrizar, salieron los mismos seres:

-bueno, no hemos podido traer a todos los soldados, pero en vez de combatir, nos llevaremos lo que necesitamos, y punto

-bueno, si es eso lo que preferís... Adelante, pero no abuséis, por favor. Aquel ser se quedó callado un momento, y de repente soltó una carcajada:

-!ja ja ja¡, bueno, en fin cogeré lo necesario. Al acercarse al mar mas cercano, se llevó una desilusión:

-¿cómo?, vuestra agua es salada, nosotros no bebemos esta agua, ¿no tenéis agua dulce?

-no-dijo Octolipus disimulando- solo bebemos esta agua.

-bueno pues, si no puedo beber este agua, haré lo posible para que desaparezca, y lo hago porque me habéis caído muy mal. Y dicho esto, tiró un bote alargado al mar y de repente, un gran remolino empezó a succionar las aguas del mar.

-bueno, si queréis recuperar vuestros océanos, a ver si podéis encontrar el bote que acabo de tirar, !suerte¡ Aquel ser, se marchó, y en cuestión de horas, la tierra se quedó seca y totalmente desértica. Octolipus se quedó un rato deprimido, porque todo el mundo iba a morir. Pero, de pronto, Octolipus se llenó se fuerza y pidió ayuda a quién pudo para buscar aquel bote. Tras la sequedad de todos los océanos, la tierra estaba muy fangosa, y miles de peces y otros animales estaban sin vida. Iba a hacer muy difícil encontrarlo, porque aquel ser tenía mucha fuerza y arrojó el bote bastante lejos. Bueno, al cabo de un rato, muchas personas empezaron la búsqueda de aquel bote, pero, a pesar de todas las personas que habían, no se encontró.

-¡estamos perdidos!. dijo un hombre desesperado

-si, es cierto, vamos a morir. Gritó una señora bastante deprimida. Octolipus, contemplando aquellas personas tristes y deprimidas, dijo:

-no, todo no está acabado aún, si seguimos lamentándonos, seguro que así no lo encontraremos, hay que buscar más, mucho más, sin ni siquiera descansar un poco, y si todos ponemos un poco mas de empeño, lo encontraremos. Todas las personas que le escucharon, sabían que llevaba razón , por lo que, poco a poco, volvieron a buscar de nuevo.

III. El bote

Siguieron y siguieron buscando, y todos estaban a punto de volverse a desvanecer, incluso Octolipus, que asta ahora, no se había desvanecido ni un momento. Pero, de pronto, si previo aviso, un hombre gritó:

-¡aquí, creo que lo e encontrado, venid, deprisa!. Todo el mundo se acercó lo mas rápido posible, pues, la cantidad de barro que había, nos les permitían correr mucho. Al acercarse todos, contemplaron un bote azulado con una inscripción en la tapa del bote, pero no se entendía, puesto que estaba en el idioma de aquellos seres.

-¡bien, ábrelo, rápido!

-¡no!-gritó Octolipus- si lo abres, todos nos ahogaremos, puesto que contiene el agua de todos los océanos. Todos se quedaron un rato callado, pensando como abrir la tapa sin que nadie muriera ahogado. De repente, uno dijo:

-¡ya lo se!, si nos ponemos en la playa y abrimos la tapa hacia el mar, el chorro que salga, irá directamente al mar, y nadie resultará herido.

-no, no vale-volvió a decir Octolipus-puesto que la enorme cantidad de agua que contiene el bote, hará que el que lo abra, salga disparado hacia atrás.

-tu siempre tienes que decir algo negativo para todo ¿no?-dijo una mujer muy enfadada.

-no, sólo lo digo para que nadie resulte herido, nada mas. Aquella mujer se quedó callada, hasta que otro hombre dijo:

-ya lo tengo, si dejamos el bote aquí mismo, y con una de las flechas nuestra le da, se abrirá un agujero y todo se volverá a llenar ¿no es así?

-si, creo que eso vale-dijo Octolipus. Y, dicho esto, se pusieron manos a la obra. Dejaron el bote allí, y todos se alejaron mucho, para evitar desastres. Buscaron al lanzador de flechas mas bueno que había, y a aquel hombre se le exigió mucha prisa puesto que sin agua, la tierra no iba a aguantar mucho tiempo. Todos llegaron a la playa, y se resguardaron en zonas muy elevadas para que el agua no pudieran alcanzarles. La playa se quedó solitaria, sólo había dos hombres, el que iba a lanzar la flecha y Octolipus, que no tenía miedo a nada. Entonces, aquel hombre apuntó el bote y...¡zas! Le dio justo en la tapa, haciéndole un agujero. Todo el agua empezó a salir, las personas contemplaban aquella situación. Empezó a subir un metro, dos, tres... Hasta que, al cabo de varios días, la tierra volvió a hacer la de siempre. Todo el mundo celebró una gran fiesta, y millones de personas nadaban en las aguas del mar. Pero, lo que nadie sabía, es que en la inscripción de la tapa que nadie entendía era: volveremos.

FIN



Leer el texto completo ...

miércoles, 12 de marzo de 2008

Atrapado

Atrapado

Estaba guardando la ropa en el vestidor y de pronto la puerta se cerró tras de mí y me dejó encerrado. Ya agarraba el pomo de la puerta para salir cuando oí unos pasos. ¡No podía ser, estaba solo en casa ¡Decidí limitarme a escuchar; unos pasos se dirigieron a la tele y la apagaron; siguieron andando por el piso, como buscando algo o a (alguien). Asustado, encendí la bombillita que había en el vestidor para ver por la rendijilla de abajo la silueta misteriosa. Cuando me agaché, le di sin querer a un muñeco de goma y éste sonó como un grito ahogado; de repente, los pasos cambiaron su curso y se apresuraron hacia el armario. Yo, temeroso, me escondí entre las ropas. Cuando el pomo ya estaba girando, llamaron al teléfono; nadie lo cogía y el silencio se apoderó de la casa, pero aun así no me atreví a salir. Entonces saltó el contestador: “Hola, cariño, soy mamá; nos vamos a comprar, ¿te vienes? Estoy subiendo ya las escaleras.” Menos mal, estaba salvado del peligro; se lo contaría a mamá y llamaríamos a la policía. Pero breve fue mi alivio y mi tranquilidad; pues alguien estaba cerrando los pestillos y había atrancado la puerta. Los dos minutos siguientes fueron los más largos de mi vida; intenté buscar apresuradamente un escondite mejor, pero no lo encontré. Intenté tranquilizarme; al principio sirvió, pero volvieron a girar el pomo y eso no me ayudó. Entonces cogí mi bate de béisbol y esperé a que abrieran la puerta. Cuando ésta se abrió lancé un golpe sin mirar a la cabeza del individuo. Este cayó de bruces al suelo. Sin perder un momento, desatranqué la puerta y salí de mi casa a todo correr. De lo rápido que iba casi dejo atrás a mi madre sin darme cuenta, pues esta como me había dicho en la grabación del contestador ya subía hacia mi casa.

Una vez que paré, bajé con mi madre a la calle y le conté lo que me había pasado. Por supuesto ella no me creyó, y me dijo que eso eran tonterías producidas por el miedo a quedarme solo en casa, y me convenció de que volviera a casa. Tuve que hacerlo para no parecer un cobarde; mientras subía las escaleras miraba hacia todos lados, tenía mucho miedo. Cuanto más subía más ruidos extraños escuchaba y más me temblaban las piernas de puro miedo. De momento, cuando ya iba por el segundo piso, la señora de la puerta C abrió la puerta de golpe. Yo pegué un salto que me hizo perder la estabilidad, y casi caigo escaleras abajo. Por un momento pensé en contarle mi problema, pero rápidamente esa estúpida idea se fue de mi cabeza. Era absurdo contarle a la anciana el problema; si a mí no me creían, ¿quién iba a creer a una anciana un poco loca? Decidí seguir subiendo, ya que era mi única opción; con suerte el intruso se podía haber asustado y a lo mejor me dejaba tranquilo. Intenté engañarme a mí mismo con ese pensamiento, pero no podía dejar de temblar, estaba realmente asustado. A cada escalón que subía, pensaba en la persona que había entrado en mi casa, ¿Quién podía ser?, no recordaba que hubiese hecho mal a nadie, pero claro también podía ser un ladrón, y si era así este ya se habrá marchado. Cuando llegué encendí todas las luces, me acerqué al vestidor, donde en la entrada había una pequeña gota de sangre, pero ningún rastro del intruso.

A la hora de comer me dirigí al frigorífico, allí había una nota que decía:

“¡NO TE CREAS QUE TE HAS LIBRADO, ESTA NOCHE NOS VEMOS!“

Ante esto no sabía que hacer, si llamar a la policía, a mi familia, si enfrentarme a él o a ella… todo era muy confuso. Decidí no hacer nada, ¿para qué?, ¿quién me iba a creer?, y si me enfrentaba ¿qué posibilidades tenía? Cogí lápiz y papel, y escribí una carta:

    “Si alguien me encuentra muerto, sólo quiero que me entierren y que no le echen la culpa a nadie, pues en algún momento tenía que pasar, y además si alguien me odia tanto, yo me lo habré buscado, pero intentaré llevarme a ése ¿por qué? a la tumba”

Dos lágrimas de resignación cayeron por mis mejillas, aquello no tenía remedio, me perseguiría toda mi vida. Cuando el reloj marcó las doce de la noche, estalló una ventana, ya estaba allí. Los pasos resonaron por el pasillo, a mis espaldas y se colocó frente a mí. Llevaba una careta que le cubría la cara y una especie de radio, que supuse que era un distorsionador de voz, ya que se parecía al que salía en las películas que tanto me asustaban. Yo sólo le supliqué que se llevara lo que quisiera pero que no me hiciera daño. Ella, porque me di cuenta de que era una mujer, sólo dijo “Lo siento, será rápido y te aseguro que te llevarás el secreto contigo.” Antes de destapar la anilla de un bote que al parecer contenía un gas tóxico, se quitó la careta. Me quedé boquiabierto cuando vi la cara de mi hermana: entonces empecé a gritar aterrado. Ella se arrodilló y me abrazó, intentó tranquilizarme, pero yo no paraba de llorar.

Al fin me explicó que sólo pretendía gastarme una broma, pero que no pensaba que aguantaría tanto, y me enseñó sonriendo el chichón que le había causado. Entonces me tranquilicé un poco más, y me contó con más detalle la broma que había preparado junto a mi madre. Al final, gracias a Dios todo acabó entre risas, pero esa mala experiencia siempre la recordaré.

Leer el texto completo ...

Demasiado tarde


Demasiado tarde

Organizamos este viaje convencidos de que era una idea estupenda para mejorar nuestra relación familiar. Hacía unos meses que Elvira y yo no nos entendíamos y discutíamos por cualquier estupidez. Nuestra relación con Pedro, nuestro hijo, también pasaba por un mal momento, y su recién estrenada adolescencia complicaba aún más las cosas.

El viaje fue placentero, y la llegada a la casa una grata sorpresa; era un edificio de algunos años de antigüedad pero se conservaba muy bien.

Elvira se mostraba encantada. Todo le parecía perfecto, y sonreía alegremente de una manera que ya apenas recordaba. Sin embargo, Pedro no estaba tan animado; parecía ensimismado en sus propios pensamientos, y se pasó la tarde dando breves paseos por el bosque del entorno.

Esa noche, cenamos en el porche bajo la espléndida luz de la luna llena. Charlamos de cosas sin importancia, y el cansancio del viaje nos llevó pronto a la cama, lugar del que, si hubiéramos sabido lo que nos esperaba nos nos habríamos levantado.

A la mañana siguiente, Pedro, después de desayunar, se encaminó de nuevo al bosque, pero esta vez no por poco tiempo. Llegó la hora de comer y Elvira y yo, preocupados, decidimos salir a buscarlo.

Nos adentramos en el bosque con esperanzas de que Pedro apareciera pronto, pero cada vez los minutos se hacían más largos y cuando miraba al rostro de Elvira, sus ojos reflejaban la angustia que siente una madre cuando no puede abrazar a su hijo y decirle lo mucho que lo quiere. Ya no podíamos más, teníamos que admitirlo, nuestro hijo había desaparecido. La policía ya venía en camino, y aunque nos habían aconsejado que no nos agobiáramos, nos era imposible.

Estuvimos buscando durante toda la noche, registrando incluso el pueblecito de al lado; pero nadie había visto a aquel niño de trece años recién cumplidos. El día siguiente fue igual de agotador. Nada cambió hasta que llegó la madrugada del tercer día de la desaparición. Entonces lo vi. Allí estaba en el bosque, tras unos arbustos y, aunque la angustia no me dejaba reaccionar, pronto comprendí que estaba inconsciente pero vivo y que había que actuar rápido.

La espera en el hospital fue muy larga, y cuando el médico se decidió a hablar con nosotros no todo eran buenas noticias; nuestro hijo estaba sano, pero a causa de un shock no hablaba, solo decía dos palabras:”demasiado tarde”.

Aquella noche, Elvira se quedó junto a Pedro en el hospital y yo me fui a casa a prepararlo todo para la vuelta a la ciudad, ya que cuando nuestro hijo dejara de estar ingresado, volveríamos directamente a nuestro pequeño piso.


Estaba ya acostado, pero los pensamientos sobre lo que le podía haber ocurrido a mi hijo me atormentaban y no me dejaban conciliar el sueño. No tenía otra opción, debía ir al bosque, justo al lugar en el que mi hijo había quedado traumatizado.

No tardé mucho en llegar y lo que presencié me dejó aterrorizado. Un pequeño barril metalizado dejaba escapar un fluido amarillento de aspecto y olor nauseabundo: fétida basura nuclear. Acababa de ser abierto por un dispositivo automático. En su etiqueta rezaban, junto a la fecha de apertura, las terribles consecuencias del líquido: cualquier ser animal o vegetal que se encontrara a menos de cien kilómetros a la redonda se contaminaría irremediablemente y nada lo salvaría de la muerte.

Cuando terminé de leer estas palabras ya sentía los primeros efectos sobre mi cerebro. Apenas me dio tiempo para preguntarme… ¿Quién era tan cruel como para desear la muerte de todos, incluso la de él mismo? ¿Qué tenía que ver mi hijo con él? ¿Era justo morir de esta manera tan absurda? Jamás podría saberlo. Sólo comprendí una cosa. Era demasiado tarde.

Leer el texto completo ...