Este periódico escolar nace como una aventura en la que un grupo de alumnos y de profesores quieren explorar las posibilidades de las herramientas de comunicación que existen en Internet. Está abierto a la colaboración de alumnos y profesores de nuestro Instituto.
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jueves, 10 de mayo de 2012

Concurso de Relatos 2012 - Categoria B: Secretos tras Bambalinas

SECRETOS TRAS BAMBALINAS

- Es un se-cre-to – me permití el lujo de silabear en su oído sin dejarme amedrentar por su la mirada asesina que me lanzaban aquellos dos ojos marrones.

- Sabes perfectamente que me acabaré enterando, no hay secreto que se me resista- la sonrisa traviesa se ensancha en sus labios con cada segundo de silencio, se sabe maestra en este tema y

- ¿Y quien dice lo contrario?, solo digo que esta vez no te saldrás con la tuya Nieves- dije alejándome del proscenio, este asalto era mío pues sabia perfectamente que ella no me seguiría, se tomaba demasiado enserio sus responsabilidades y en este momento su prioridad era supervisar la colocación de las nuevas candilejas.

Un secreto… no tengo muy claro si esto que estamos preparando puede nombrarse como tal, quizás más bien todo lo que hay detrás.

Esta historia es un poco larga, ha venido sucediendo durando años y me he mantenido como protagonista sin saberlo durante gran parte de su desarrollo, muchos han sido testigos y ahora es momento de ponerle su broche con ayuda de todos.

A mi mismo me ha costado darme cuenta, pero ya me he hartado de la situación, todos parecían saberlo menos yo, creo que a estas alturas solo queda una persona que no lo sepa y precisamente estamos puliendo los últimos trazos de un plan para que todo salga a luz por llamarlo de alguna forma.

Todas las acciones que durante meses hemos venido ocultando bajo la palabra secreto quedaran desveladas mañana por la noche. Es extraño saberlo, saberte parte de algo que te dejara vulnerable frente a la persona que más te importa, pero, ¿que más da? no es momento de acobardarse.

Mientras los pensamientos se arremolinan en mí ya de por si caótica mente, me encuentro dentro del que podríamos llamar nuestro cuartel general: el taller en el que nuestra compañía de teatro alberga todo aquello relacionado con la utilería que posteriormente adereza el escenario.

Este es el lugar donde me he refugiado estos años, cuando llegué era demasiado tímido para estar de cara al publico en las representaciones, mientras ese detalle se solventaba me adjudicaron una plaza aquí, que posteriormente seguí manteniendo a pesar de combinarla con otros roles, es un sitio en el que me siento cómodo.

Como muchas cosas a las que en su momento no me les di importancia mi entrada en esta compañía de teatro para jóvenes tiene una razón bastante concreta, más de lo que yo creí en su momento. Nunca me había dado cuenta de lo manipulado que he estado estos años por decirlo de alguna manera. Me siento como un niño pequeño cada vez que lo pienso, cada vez que me doy cuenta de que muchas de mis decisiones han estado decididas desde un principio por un factor que a mi juicio valía más que el resto, un factor que incluso a veces quedaba en la sombra y yo no notaba, pero, que siempre ha estado ahí… solo tenia que fijarme. Aun así no me arrepiento de nada.

Como siempre el taller se haya casi vacío, es un espacio grande con mesas de trabajo amplias con proyectos a medio acabar, se distingue un notable olor a pintura pero ya estoy acostumbrado. La opresión se hace presente en mi pecho, me doy la vuelta y veo que hay un objeto defectuoso a medio destrozar, cojo un martillo y termino la labor. Es costumbre hacer esto con la parte de la utilería que no podemos aprovechar para la siguiente representación. Hay varios motivos para esto, el oficial es la falta de espacio aunque el hecho de que es algo antiestrés y en parte divertido también ayuda.

Mientras los martillazos se suceden de forma prácticamente automática mi mente desconecta y mi memoria se encarga de llevarme a quizás el momento que hace meses, casi un año, desencadeno todo esto.

Acababa de terminar la temporada de teatro en nuestra compañía pues al componerse el reparto casi exclusivamente de estudiantes los meses estivales se tomaban como una tregua en la que teníamos nuestras particulares vacaciones coincidiendo con las estudiantiles, aun así yo entre otros compañeros junto con parte del staff debíamos seguir asistiendo a las instalaciones un par de días antes de librarnos de nuestras responsabilidades.

Normalmente nadie quiere encargarse del papeleo así que suele ser una tarea que se sortea, este año los encargados éramos Nieves y yo, por si no lo he mencionado antes ella es mi mejor amiga. Realmente no entiendo muy bien el motivo pero siempre que empiezo a hablar de ella me resulta difícil parar, mi lengua parece desentenderse por entero de mi cuerpo y dársela de autónoma, es algo curioso sin duda pero a mi no me hace mucha gracia. En esta ocasión intentare ser breve: es una chica alta de pelo corto rubio y ojos marrones, quizás una de las mejores personas que he conocido pero al mismo tiempo de las más complejas. Es muy difícil entenderla, es toda una maestra de las máscaras y aunque es amable y se lleva bien con todos pocos pueden llamarse sus amigos, cuando te acercas a ella es increíblemente reservada. No digo más, por mucho que lo intentara, describirla es una tarea que me viene muy grande.

Entre unas cosas y otras acabamos el papeleo relativamente pronto, yo tenía prisa así que me levanté para salir del pequeño despacho pero antes de ello su voz me dejo clavado en el sitio.

- Espera Alberto- dijo - hay un tema del que quiero hablar contigo- para este momento yo ya me había girado e intentaba leer sus expresiones que como siempre se mantenían en una estudiada mascara de tranquilidad.

- Te escucho- pronuncio sin poder evitar llevarme las manos a la espalda y apretarlas con fuerza.

- No se si recuerdas que mi padre vive en Barcelona y que todos estos años le he echado mucho de menos- se muerde ligeramente el labio- el próximo año cumpliré la mayoría de edad y por tanto podré elegir libremente mis acciones, me ha tomado su tiempo pero he decidido que lo mejor para mi es que me vaya a vivir allí con él y estudie la carrera en una universidad de allí, se que aun queda mucho pero ahora que lo he decidido quería decírtelo, quería que fueras el primero en saberlo-una sonrisa falsa.

- Entiendo- odio mi escasa elocuencia en estas situaciones.

- Lo cierto es que también quiero aprovechar para despedirme, mañana me voy a Barcelona, estaré allí todo el verano así que no nos veremos hasta que empiece el curso, siento mucho cancelar todos los planes que habíamos hecho…lo siento Alber- espera, espera, ¿esto es una despedida? ¿esta es NUESTRA despedida? ¿ocultando tus sentimientos bajo una máscara? Esa forma particular de decir mi nombre, esa forma de pronunciarlo que solo tu consigues, hace que mi corazón de un salto con voltereta incluida ,pero muy a mi pesar no es el gesto dulce de siempre, el que me saca una sonrisa, es todo lo contrario.

Esos ojos pardos que tanto temo pero que a la vez tanto me gusta mirar, esos ojos que saben leerme se niegan a encontrarse con los míos

- A-adiós- Me lacera la garganta decirlo. ¿Por qué? ¿Por qué me he dado medía vuelta? ¿Por qué estoy corriendo?

Mientras corro no puedo evitar que la cabeza me de vueltas, que todo mi mundo de vueltas, me he caído y un dolor punzante se instala en mis manos, ambas teñidas de rojo escarlata se aprietan fuertemente hasta formar puños que tiemblan en la escasa luz que ofrece el anochecer.

Parece irreal, el dolor físico es apenas una escaramuza comparado con el insoportable ardor en mi pecho, mi mente esta ocupada intentando descifrar todos esos gestos que pasaron desapercibidos, esas miradas que no supe entender.

Un fuerte golpe en la nuca me saca de mis cavilaciones, me doy la vuelta y me encuentro con la mirada divertida de Nicolás

- Mentiría si dijera que ha sido un accidente – sonríe con descaro para después pasarme un brazo por los hombros- vámonos a casa que es tarde y mañana tienes que estar descansado.

El sueño parece no tener intención de aparecer, me encuentro tumbado mirando al techo, llevaré horas así y en este tiempo no he podido apartar de mi mente esos momentos clave que conllevaron el plan que mañana tendrá su culmen.

No se cuanto tiempo había pasado desde que vi por ultima vez a Nieves, seguramente ya hiciera más de una semana y ese era el tiempo que llevaba sin salir de mi casa, mis padres estaban de viaje y no tenia que dar cuentas a nadie, quizás ese tiempo explicara mi actual estado de ánimo. Me siento tremendamente estúpido cada vez que me doy cuenta de esto pero tengo una gran dependencia de

Nieves, nunca hemos estado más de dos semanas seguidas separados y mi limite por llamarlo de alguna manera esta en la semana y media, a partir de ese momento me vuelvo en cierto sentido loco.

Me resulta inverosímil la idea de estar todo el verano sin verla y de que cuando se mude seguramente apenas pueda verla un par de veces al año, duele, duele mucho. Es parte de mi vida, uno de mis pilares y mi principal apoyo, esto es algo que nunca vi venir, estoy realmente ciego.

Oigo fuertes ruidos en la puerta pero los ignoro, cierro los ojos y me empiezo a quedar dormido cuando dos manos me zarandean violentamente.

- ¡Eh tú!- me llama una voz conocida- diablos Alberto sabia que eras estúpido pero no tanto- disimula su preocupación con una cara de fastidio.

Miro a mi alrededor y me he encuentro con 3 de mis mejores amigos Nicolás, Esteban y Luisa, ¿acaso hay una reunión en mi casa y yo no me he enterado?

- ¿Qué hacéis aquí?- digo mientras me incorporo y me siento en el sofá.

Me ignoran olímpicamente, se dedican a pasear la mirada por el más que desordenado salón.

- ¿Por qué estáis aquí? no recuerdo haberos invitado- recrimino ese pequeño detalle casi gruñendo.

- ¿Tu que crees?, nos preocupamos por ti IDIOTA- dice remarcando la palabra mientras desvía el rostro y adopta una pose digna.

- Todo esto es por la marimacho de Nieves ¿no es así?- gracias por el tacto Esteban.

- Claro que no y no se te ocurra volver a decir eso de …- soy interrumpido bruscamente.

- Lo siento pero tomaré eso como un si- le dedico mi mejor mirada asesina- venga ya tío, sabes que es verdad, deja de negarlo.

Bajo la cabeza y niego débilmente, no es verdad ¿o si?, rechino los dientes sin darme cuenta.

- ¿Por qué no dejas de lamentarte y haces algo? ten de iniciativa por una vez- la voz de Nicolás rompe el breve y tenso silencio.

- Vale tengo que hacer algo pero no entiendo que pintáis vosotros aquí, sobre todo tu- señalo a Esteban con cara de pocos amigos

- No me caes bien ni me gusta tu actitud, eso ya lo sabes, pero también sabes que tengo una deuda contigo y es una buena oportunidad para saldarla- que mal mientes amigo, puedo ver la preocupación en tus ojos claros, aprendí a leer máscaras a nivel experto con Nieves, comparado con eso esto es fácil.

Acepto su ayuda y para cuando quiero darme cuenta se encuentran los tres trazando un plan.

- Vale muy bien pero antes necesitamos obtener mas información- apunta Luisa dándome la espalda, ocupada en diseñar un plan para el que no me pedían opinión.

- Oye chicos ¿no vale mi opinión o qué?- pregunto molesto.

- No Albertito, los adultos deciden por ti- sonríe divertido, esta tentando su suerte, mi paciencia es muy corta, maldito Esteban.

- Te recuerdo que soy mayor que tú- me levanto de un salto, sabe muy bien como picarme.

- Pues no te comportas como tal- exclama Nicolás sumamente serio, la mirada dura que me dedica me da miedo y decido que calladito estoy más guapo.

Ese día se decidió todo, ellos se encargaron de contárselo a los demás y para cuando quise darme cuenta toda la plantilla del teatro menos Nieves estaba en el ajo.

El momento ha llegado, estoy a punto de hacer mi entrada y esta ocurriendo algo realmente inesperado, me encuentro sorprendentemente tranquilo, esta noche me quitare un gran peso de encima, pasará lo que tenga que pasar y estoy preparado para ello.

Un suspiro se escapa de mis labios, cierro los ojos y mantengo una respiración profunda.

Cuando salga a ese escenario pondré punto a esta particular historia, escapa de mi control el hecho de que este sea un punto y final o un punto y seguido, la decisión es suya. Aun así sea cual sea el desenlace de esta crónica será algo reservado para ella y para mi, el publico será testigo pero este no tendrá conocimiento de lo que realmente esta viendo, ellos no notaran la diferencia, solo verán una representación, la última de esta temporada, la verdad de lo sucedido será nuestro particular secreto tras bambalinas.

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Concurso de Relatos 2012 - Categoria B: El encuentro

EL ENCUENTRO

¿Qué de tiempo verdad? Y parece que fue ayer cuando estaba sola en medio de toda esa gente, extrañas a mis ojos que iban y venían estresados. Cada mañana me sentaba en el banco de la plaza, ¿Recuerdas? aquel banco que miraba a las montañas, al lado de aquel hermoso rosal rojo; y desde allí, contemplaba, ese Sol radiante, salir de detrás de las montañas embriagando con toda su luz.

Ahora es todo diferente, no he vuelto a ver ni un solo amanecer desde entonces, se que parecerá raro, pero, a día de hoy estoy segura de que se me saltarán las lágrimas. ¿Recuerdas cómo nos conocimos? El primer rayo apenas iluminaba el cielo cuando noté como alguien se sentaba en el banco; sorprendida miré al lado y había un joven de mirada extraña, no era como las demás personas siempre preocupadas y serias... Sí, eras tú, un joven con la mirada amable y una sonrisa acogedora.

Recuerdo que vimos amanecer y me preguntaste cosas como que si me gustaba sentarme en ese banco a menudo o si me gustaba aquel rosal; yo estaba muy cortada y a penas te miraba a la cara, pero tu insistencia hizo que me divirtiera y acabamos hablando durante horas. ¡Dios!, nunca he vuelto a reír como lo hice en aquella época.

Cada mañana nos veíamos en aquel banco y pasábamos los días observando todo lo que nos rodeaba: animales, plantas, nubes … Un día me preguntaste que cuál era mi flor favorita, pero no tenía, así que me trajiste un libro que tenías con todas las flores, me hizo gracia pues estaban clasificadas por colores, recuerdo que te reiste cuando me dediqué a ver las flores blancas, te parecía gracioso una chica tan blanca como yo encima le gustasen el color blanco. “La verdad es que te pega y todo” me dijiste.
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Entonces cogiste el libro y buscaste una flor que creías me podía gustar, y efectivamente, desde que me la enseñaste ha sido mi flor favorita, la orquídea blanca. Siempre has sido el que mejor me conocía. Al día siguiente me sorprendiste con un extraño regalo, era una llave y el dibujo de una orquídea blanca, ¿Sabes? Aún hoy la llevo colgada en el cuello. Luego pasó poco tiempo hasta que te fuiste. 

No te diré que no lloré, pues lloré como nunca lo he hecho y espero no volver a repetir.

Un día no viniste al banco a ver el amanecer, no apareciste en todo el día. Fui a buscarte a tu casa, pero allí no había nadie. Te esperé durante semanas pero no aparecías y no volví a sentarme en el banco, no he vuelto a ver el Sol nacer detrás de las montañas ni he vuelto a oler aquellas rosas rojas.

Pero un día me mandaron flores, flores blancas a mi casa. Busqué quien las mandaba, pero fue imposible y cada semana traían un ramo a la puerta de mi casa, hasta que ya no hubo más rosas, vino un hombre a traerme una caja con el dibujo de una orquídea blanca en la tapa, estaba cerrada con llave y no conseguía abrirla hasta que recordé tu regalo, una llave con el dibujo de una orquídea y entonces la caja se abrió y dentro había una carta y el lugar donde podía encontrarte, y aquí estoy. Hoy he sido yo quien te ha traído una flor a ti, una rosa roja, del rosal del banco de la plaza que ya está muy viejo. La rosa está preciosa encima del mármol blanco de tu sepulcro.

Me cuesta contener las lágrimas. El Sol ya está saliendo.

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Concurso de Relatos 2012 - Categoria B: Darkville

DARKVILLE

Mi nombre es Michael Stewart y soy un detective aficionado. Me anuncio en periódicos y páginas de internet. Hasta ahora sólo he tenido dos trabajos y no han sido muy prometedores, o al menos, como yo esperaba. Los acepté y los resolví. El primero llegó a la semana de anunciarme. Estaba realmente contento y un poco nervioso. Tuve que ir al número quince de la calle River, a dos manzanas de mi casa. Cuando llamé al porterillo me abrió una señora de cierta edad que, a primera vista, parecía bastante apacible y agradable, pero poco a poco me di cuenta que no estaba muy cuerda. Le pregunté qué le había pasado y ante mi asombro sólo me llamó porque no encontraba su cartera de piel negra. Me decepcioné bastante, pero por hacerle el favor, la busqué y, resultó estar en el buzón de la publicidad de su casa. Lo peor llegó más tarde cuando en vez de darme las gracias y algo de propinilla, tuve que pasar la tarde con ella tomando pastas rancias y té amargo, y por supuesto, escuchando las batallitas de aquella adorable señora.

Mi segundo trabajo fue algo más interesante y llevadero. Me contrataron para buscar a un perro perdido llamado Brandy, una especie de bulldog inglés que llevaba perdido una semana. Sólo me gané 40 libras.

Por fin recibí una carta de un tal Mr. Adam Sick que me llamaba para que resolviera un pequeño caso. La carta me decía que su hija, Lucy, de 19 años, había desaparecido y la policía no la encontraba. Se ofreció a pagarme mil Libras. Rápidamente cogí mi chaqueta para comprar un billete de tren hacia Brighton. Cuando llegué a Brighton tomé un taxi hasta Darkville. Al parecer está a 65 km al norte. Allí me encontré con bastante actividad. La gente no paraba de ir de un sitio a otro. Parecía Londres o Manchester en vez de un pueblo de tan solo unos quinientos habitantes. Pagué al taxista y me dispuse a ir hacia un edificio que ponía ‘hotel’. Cuando entré me di cuenta de que no era muy lujoso. Unos cuadros y una lámpara, no muy grande, adornaban el recibidor. En la barra de recepción me atendió una señorita bastante agradable. Tenía el pelo moreno y los ojos más verdes que he visto nunca. Le pido el número de mi habitación favorita, la veintitrés, y afortunadamente estaba libre. Luego, me percaté de que era el único cliente de este curioso y extraño hotel. Antes de empezar con la investigación decidí relajarme paseando por el pueblo. Mi intención era ponerme al corriente de las costumbres de la gente que lo habitaba y de algunos sitios que quizás tuviera que visitar.

Es mi segundo día en el pueblo y estoy bastante nervioso. Lo primero que hago es alquilar un vehículo para ir de un lugar a otro. No quiero cansarme el primer día de trabajo. Llego a la mansión de los Sick, que está bastante lejos del pueblo, casi a las afueras. Me recibe una mujer bastante mayor y deteriorada que parece ser la asistenta. Me lleva a un gran salón donde observo distintos cuadros bastante caros, algunos trofeos de caza, y muebles bastante lujosos. Mi mirada se centra en una foto que hay encima de la chimenea, de una mujer y un hombre abrazando a una pequeña niña, que parece ser Lucy, la hija desaparecida. De repente irrumpe en la habitación el señor Sick. Me da un apretón de manos y me agradece que haya aceptado el trabajo. Me explica lo que está pasando y me pide desesperadamente que le ayude. Lucy lleva ya una semana desaparecida. Como cada día, tenía que volver del bar Amanecer, en el que trabajaba por las noches, pero esa noche no volvió. Al día siguiente su padre llamó a todos sus conocidos, pero nadie sabía nada de ella. Entonces fue a ver a Rick, el sheriff del pueblo, e inició la búsqueda por los alrededores. Después de contarme esto, voy a ver a ese tal Rick, para que me diga cómo va la investigación. Al llegar a la comisaria veo solo dos vehículos de policía ante un pequeño edificio, lo que me asombra, ya que estoy bastante acostumbrado a ver grandes comisarias en el lugar donde vivo. Encuentro fácilmente a Rick y le saludo. Es un tipo bastante grande y fuerte. Me pone al día de la investigación, pero sinceramente casi no me aclara nada. Le pido los informes de cómo va todo y me da una caja pequeña en la que veo sólo el bolso con las pertenencias de Lucy y una carpeta casi vacía. Gustosamente me indica donde está el lugar de trabajo de Lucy y me dirijo hacia allí. Al llegar veo un sitio bastante movido. El cartel ya te incita a entrar y a no parar de beber. Encuentro a la señora Stevenson, dueña del local, a la que le pregunto sobre la chica. Cómo era, cómo se comportaba, si alguien la molestaba o si tenía algunos amigos con los que quedaba. Me dijo lo normal. Trabajaba bastante bien, era muy atenta de cara al público y no tenía ningún enemigo. Me dijo que encontraría a sus amigos en las canastas que hay junto al banco, al lado del ayuntamiento.

Cuando llegué había unos cuantos chavales hablando y bebiendo, así que supuse que serían ellos. Me presenté uno a uno y todos me fueron diciendo sus nombres. Eran cinco, por lo que fue bastante fácil recordarlos. El primero fue Adam, un chaval de 20 años que trabaja en el taller de su padre. Después, Andrea y Michelle, dos chicas que estudiaban en el instituto y que querían irse del pueblo para hacer carrera. Luego vino Smith, un chico bastante alto que quería ser jugador profesional de baloncesto. Y por último, Bryan, un muchacho descarado al que todos relacionaban con Lucy. Tenía 21 años y vivía solo en una pequeña cabaña en las afueras del bosque. El decía que no eran pareja y que solo se veían de vez en cuando.

Les pedí sus números de teléfono y sus direcciones, por si los necesitaba para algo. Tras esto, me fui a mi habitación a pensar qué habría podido pasar. No encontraba ninguna razón evidente para que la raptaran. Examiné los informes de la policía local y vi que encontraron huellas de una camioneta Ford del 96, pero curiosamente en el pueblo no había ninguna así. También se encontró todo lo que llevaba en su bolso. Su móvil, su agenda, su estuche de maquillaje, y su cartera, de lo que se deduce que no era un robo, sino que iban a por ella directamente.

Después del segundo día de análisis de pruebas, hago una pequeña pausa para pensar en todo y miro por la ventana. La luna está preciosa esta noche. El cielo está muy oscuro, como si estuviera de luto por esa persona que veía cada noche volver a su casa. No hay contaminación, así que, las estrellas relucen más que nunca. Me alejo de la ventana y me dispongo a descansar. Hoy ha sido una buena jornada, pero sé que mañana será aún más dura.

Al tercer día, me despierto y me dirijo al comedor, donde me ponen tostadas y café para desayunar. Después leo el periódico. Me llevo una desilusión al ver que mi equipo, el Chelsea, ha perdido ante el Bolton. Entonces me levanto, pago a la camarera, y me dirijo hacia el parking del hotel, donde tengo mi coche alquilado.

Repaso mentalmente todo lo que quiero hacer hoy, pero de repente me digo, ¿dónde está la señora Sick?, ya que precisamente nadie la menciona y su marido no habla de ella nunca. Así que lo primero que hago, es hacerle una nueva visita al señor Sick. Me recibe la misma asistenta que el otro día. Me lleva al despacho, donde el señor Sick está leyendo el correo del día. Rápidamente, le formulo la pregunta que me tenía intrigado durante todo el camino. De repente, se queda en silencio y mira al suelo. La habitación adquiere un carácter desolador, como si sintiera lo que estaba a punto de decirme. Entonces levanta la vista, y con la mirada totalmente perdida, me dice con voz tenue: “ella…. murió.”. Me quedo sin palabras.

Entonces me cuenta lo que pasó. Fue hace dos años. Al parecer a la señora Sick le gustaba un programa que echaban siempre todos los martes a media noche. Ella se quedaba a verlo mientras su hija y su marido se iban a la cama. Me dijo que se extrañó cuando, a las cuatro de la madrugada, no estaba a su lado. Bajó y se la encontró estrangulada en la cocina. Rompió a llorar mientras me explicaba todo esto. Consternado, decidió en ese momento llamar a la policía y prohibir a la niña bajar al salón, por miedo a causarle algún trauma. Sinceramente no debe ser agradable ver a tu madre en ese estado. Después de darle el pésame a Sick, me voy a la comisaria para pedir un informe sobre la muerte de su esposa. Cuando lo hago, vuelve a producirse el mismo silencio.

Mi asombro es mayor mientras leo los informes policiales. No había huellas por ningún sitio, la puerta no había sido forzada, y deduzco que el asesino debía saber todos los pasos que daba la señora Sick los martes noche.

Me hallo sumido en un profundo desconcierto. Me contrataron para encontrar a Lucy y me encuentro en mi habitación intentando resolver un caso sin solución,

que parece, no tener nada que ver con la desaparición de Lucy, ¿o sí?, ¡Quién sabe! No me imagino a nadie en este pueblo capaz de cometer semejante acto contra una familia que ha contribuido al avance del mismo, construyendo la escuela y un pequeño hospital. Lo que he averiguado sobre esta familia apunta a que el señor Sick es un gran empresario y sus tierras son ricas en carbón. Quizá ese podría ser el móvil: Alguien quiere apropiarse de sus tierras. Pero me hago la misma pregunta: ¿Quién podría ser? En este pueblo todos parecen buenas personas.

En los informes facilitados en comisaría , parece que se detuvo hace un año a un tipo llamado Otish. Al parecer, es un leñador que trabaja en los bosques para la empresa de tala de árboles Mckensy, competidora de los Sick en la explotación del terreno, aunque en sectores diferentes. Llevaba varios meses siguiendo a la señora Sick, y encajaba perfectamente con el móvil. Pero, según una mujer, esa semana Otish no se encontraba en el pueblo. Desapareció de la ciudad misteriosamente. La mujer era la vecina de Otish, la señora Merkel. Me pongo a investigar, de paso y con mucha discreción, el trepidante caso de la señora Sick, sin descuidar el caso de Lucy. Investigando desde mi portátil, aparecen las fotos del acto de graduación del verano de 1985, donde distingo al señor Sick. Voy a buscar a la profesora que daba entonces aquella clase, la señora Clark , una agradable anciana con la carrera de matemáticas. Me recibe gustosamente y me explica cómo era su clase. En ella se encontraban personas relacionadas con este caso, como los señores Sick; el jefe de policía, Rick; Otish; la dueña del bar donde trabajaba Lucy, la señora Stevenson; un banquero; un profesor de universidad y algunos alumnos que se fueron del pueblo. Pero llama mi atención la historia que cuenta la señora Clark. Al parecer, la difunta señora Sick, tenía una relación con el actual policía, al que dejó por el señor Sick ese mismo verano. Contrasto esta información con varias personas del pueblo, amigas de ella que lo corroboran. Me contaron, incluso, que ellos tuvieron una enorme pelea que terminó en el calabozo. Desde aquello no se hablan.

Podría ser otro móvil, pero no hallo respuesta al dilema de donde se encuentra Lucy. Cuando llego a mi habitación de hotel veo una nota por debajo de mi puerta. Me invita a ir a la plaza del ayuntamiento para que mire debajo de la papelera que esta junto a la fuente, en el centro de la plaza. Sin darme cuenta de lo que estoy haciendo, me veo corriendo a la plaza. Cuando llego hay una caja bastante estropeada. En ella hay documentos sobre el caso de la señora Sick que no había leído antes. Quizás porque se extraviaron, o porque alguien no quiso que saliesen a la luz. En ellos hay nuevos datos sobre huellas de neumáticos, huellas dactilares en la verja exterior de la residencia de los Sick, e incluso un pasamontañas negro, con un pelo moreno y corto, perteneciente a un tal Richard Thompson, según una prueba de ADN. Nadie le había visto desde hace ya bastante tiempo. Rápidamente me dirigí a la comisaria para informar a Rick. Nos subimos en el coche de policía y nos dirigimos a una casa a las afueras del pueblo, donde vive Richard. Cuando llegamos me quedo en el coche mientras Rick se asegura que en la zona no haya nadie. Está despejado, como dirían los profesionales. Pero, cuando entro, me llevo la sorpresa de que por fin he resuelto el caso de Lucy: ¡esta aquí!; pero Rick me está apuntando con una pistola. Le pregunto por qué hace todo esto y él me dice que por venganza y por dinero. Le han dado treinta mil libras por raptar a Lucy, para que así decidieran abandonar el pueblo. De repente, escucho un coche llegar. Veo una sombra entrando por la puerta. Es un hombre bastante robusto. Tiene la voz bastante grave y huele a menta. Rick le dice que ya está todo hecho, que no se tiene que preocupar por nada. El hombre, que no parece estar muy de acuerdo con lo que dice Rick, le ordena que nos mate. Lucy y yo nos miramos asustados. Veo los ojos llorosos de una niña de 19 años que, después de sufrir todo esto, va a acabar muriendo. Rick intenta persuadir al hombre misterioso, pero él sigue firme e impasible. De repente, Rick se niega a hacerlo y decide escapar dejándonos allí, pero antes de que cruce la puerta recibe un disparo en la espalda. Rick parece muerto. Lucy rompe a llorar, pero eso no le importa a aquel sujeto armado. Entonces me apunta con su pistola. Yo, por miedo, cierro los ojos y escucho el disparo. Pero cuando los abro, ¡sigo vivo! Es Lucy la que tiene un disparo en el hombro izquierdo. Intento levantarla y me fijo que es el hombre misterioso quien está muerto. Rick esta de frente hacia nosotros, muerto también en el suelo, por lo que supongo que ha sido Rick, el que nos ha salvado la vida.

Salimos lo más apresurados de esa cabaña hacia la carretera, donde vemos pasar una furgoneta. La paramos y le pedimos, sin perder un segundo, que nos lleve al hospital del pueblo. Cuando llegamos, meten a Lucy en el quirófano y yo llamo al señor Sick y a la policía. La chica sale bien de la operación.

Sentado en una camilla y escuchando a un tipo que solo dice tonterías, veo una imagen que, sin duda alguna, hace que toda esta aventura haya merecido la pena: veo a un padre feliz, abrazando a su única hija exhausta. Después de todo esto, me doy cuenta de que la vida hay que vivirla al máximo, ya que cuando menos te lo esperas, puede sucederte algo que puede cambiarla. El señor Sick me da las gracias y un emotivo abrazo, que vale más que todo el dinero ganado. Lucy se despide con un beso muy tierno.

Al final el señor Sick me da dos mil libras, pero no me importan. Lo importante, es que he conseguido buenos amigos en este pequeño pueblo. Recojo mis cosas y llamo a un taxi. De vuelta soy un hombre satisfecho. He prestado mi ayuda a una familia que lo necesitaba. Me viene a la mente una frase que siempre tengo presente: “la vida es la constante sorpresa de saber que existo”.

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